lo máximo!



Un recorrido por la vida de Liliana Felipe


Ella tiene alrededor de 50 años, es masculina, histérica y escribe como los dioses. Tiene una voz carrasposa, como una lija, como una verdadera fumadora, una tanguera. Según ella, si la inquisición la hubiera juzgado sería por “hereje, apóstata, materialista, libertina, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde y puta”. Si yo tuviera que describirla, diría principalmente que es una loca hermosa. La conocí nada más ni nada menos que a través de mi queridísimo Fernando Peña. Una mañana, escuchando el Parquímetro, la apertura del programa sonaba "tiene que salir, por algún sitio esto tiene que salir, si se metió, por algún lado va a salir, por la teoría de contrarios, si baja lo que sube, esto tiene que salir".

Fue debate del programa quién era la que cantaba esa canción. Al principio aparecían nombres como Nacha Guevara, Paquita la del barrio y hasta se llegó a sospechar que era el mismo Fernando con alguna de sus criaturas. Él lo oculto por un tiempo, se la guardó para él solito, como solía decir. Jugaba con eso, hasta que... ¡la llevó a la radio! Sin que nadie lo espere, Liliana hizo su entrada triunfal a la fama en su país.

Fernando le hizo una de las mejores entrevistas que he escuchado. Entre mates, bizcochos y personajes Liliana contó su historia, cómo llegó y cómo se fue de este país. Llegó como cualquiera, nació aquí, en Villa María, Córdoba. Creció. Llegaron los militares. Fue perseguida. Su hermana y su cuñado habían desaparecido. Se exilió en México. Allí conoció a Jesusa Rodríguez, su pareja hasta estos días.
Quizá porque su vida estuvo llena de decisiones políticas, sus letras son intensas. Al mismo tiempo, no tiene miedo de ser intelectual. No subestima a su público. Incursiona en temas políticos, sociales y económicos pero con la sensibilidad terrenal de cualquier mujer. Liliana escribe y principalmente canta danzones -una música muy popular en México- con acento cordobés. Cuando ella canta se pone vestidos floreados, toca el piano y, a veces, la gente se anima a tirar algún pasito tímido en el salón o bar de copas donde suele interpretar su más bellas, absurdas y burdas melodías. Sus letras hablan sobre temas femeninos, pero con la mirada de una mujer llena de experiencia y un sutil tono burlón. “Cómo me duele este mundo, Segismundo, la parálisis, la envidia, la neurosis nos gobierna, como me duelen los pobres, como jode la miseria, ahora si que lo de menos es la histeria”.

Por mi

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